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EL BRAVO JABALÍ.( Sus scrofa )


De aspecto similar al del cerdo, pero con un cuerpo más macizo y robusto que descansa sobre fuertes y cortas patas. Presenta una cabeza grande y fuerte de forma cónica hacia el morro, la clásica jeta, unida al troco por un poderoso cuello.

El dimorfismo sexual, o la diferencia entre machos y hembras, se manifiesta por un mayor tamaño en los machos y en los colmillos que en los adultos se desarrollan, en algunos casos, bastante dando lugar a los famosos "navajeros" (jabalís de desarrollada dentadura) donde tales aditamentos son un arma formidable.
Ello tambien es debido a que estos dientes se afilan de forma permanente con las "amoladeras" que son los colmillos de la mandíbula superior que se curvan hacia arriba contraponiendose a los de la mandibula inferior y afilándoles por simple rozamiento.

Su cuerpo está cubierto de un pelaje áspero que en invierno se refuerza con una capa interior de borra muy eficaz contra el frio. Su color varía poco siendo generalmente rojizos o negros aunque con la edad suelen "encanecer" apareciendo su capa teñida de pelos blancos lo que les da una apariencia típica.

Las crías, presentan unas listas características de color claro en el lomo y en los laterales que les facilitan el camuflarse y que, dado su aspecto, se les conoce como rayones. Hacia los seis meses, desaparecen dichas bandas blancas pasando a un tono rojizo homogéneo por lo que se le llama "bermejos".

Su gestación dura cuatro meses, pariendo la hembra de dos a seis crías, según la edad y peso de la madre, aunque si las condiciones climáticas son favorables y el alimento abunda, el celo puede adelantarse al mes de septiembre y pariendo, por tanto, en enero. Tampoco es excesivamente raro los celos primaverales con las consiguientes crías en pleno verano.

La lactancia suele durar unos tres o cuatro meses. Los machos suelen abandonar el grupo al año de edad, realizando entonces traslados de hasta cincuenta kilómetros, que permiten la renovación e intercambio genético entre poblaciones alejadas. Las hembras suelen permanecer con la madre, formando piaras familiares que integran varias generaciones y son lideradas por la hembra de mayor edad.

Su habitat son terrenos con arbolado o matorral que les permita refugiarse en él. Tiene querencia por los robledales, castaños o encinas ya que sus frutos les facilitan el alimento. No obstante su dieta es omnívora muy variada pues, aunque su principal alimento son las raíces suculentas y frutos, se alimenta tambien de insectos, gusanos, pequeños mamíferos o carroña. Es característica su forma de acceder a las raices y tubérculos que descubre gracias a su finísimo olfato y a los que accede escarbando con el hocico. Así es fácil detectar su paso por los campos a los que deja como si estuvieran arados.

De costumbres nocturnas se mantiene activo desde el atardecer al amanecer y descansa durante el día refugiandose en áreas de denso matorral. El macho generalmente lleva vida solitaria, mientras que la hembra permanece con las crías formando una piara, que en ocasiones puede integrar varios grupos familiares. Machos y hembras sólo se unen durante la época de celo, que tiene lugar entre los meses de noviembre y diciembre. Cada macho puede cubrir a varias hembras de la misma o diferentes piaras, produciéndose violentas peleas en disputa por las hembras.

La presencia del jabalí es claramente visible en muchas áreas. Especialmente evidentes son las huellas de su actividad excavadora en prados, pastizales y cultivos. Son características los "bañaderos" o charcos donde acuden a bañarse en barro. Al salir del baño se suelen restregar contra un arbol para quitarse el barro en el que quedan los parásitos. Es tambien característico el dar alguna tarascada al arbol que queda marcado y nos da una pista sobre el tamaño del animal.

El incremento de la población de jabalí parece relacionarse con el sustancial abandono del campo por parte de la población rural y la reducción de tierras de labor que ello conlleva, transformadas paulatinamente en áreas de matorral utilizables por la especie. A dicho incremento contribuye sin duda la extraordinaria tasa reproductiva del animal y la escasez de predadores naturales.


EL HERMOSO CORZO
Mucho menos corpulento y de costumbres menos gregarias que el ciervo, el corzo se ha adaptado tambien con mayor facilidad al humanizado ambiente europeo. Este pequeño rumiante rabicorto, patifino y orejudo, grisaceo en invierno y rojizo en verano, de setenta y cinco centíetros de alzada y treinta kilos escasos de peso -aunque en Siberia pueden llegar a los cincuenta- habita de preferencia los bosques poco densos que cubren los valles y las faldas de las montañas de Europa y Asia, donde se oculta con gran habilidad en el sotobosque, de forma que es didficil ver alguno a pesar de su extraordinaria abundancia.

A partir de su habitat nativo, el corzo no ha tenido ninguna dificultad para instalarse en los diversos bosques que salpican las tierras de cultivo y los pastizales europeos. En ellos encuentra seguro refugio durante las horas e descanso y, en sus linderos, las plantas cultivadas le ofrecen abundante alimento.

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