
![]() Intuí que los ladridos cambiaban su tonalidad, imaginé a la pieza salir de su encame ante el acoso de los perros en una carrera por la vida. Lista la adrenalina en todos los campos, intenté adivinar la distancia, aun lejana, pero quizás aproximándose en mi dirección, comprobé el rifle, equilibrado, afinado en el campo de tiro, con una mira telescópica clara, no excesivamente potente, lo que me permitiría enfocar con mayor premura a la pieza. Las balas cuidadosamente elegidas estaban en la caja, accioné el cerrojo y una de ellas se deslizó hasta la recámara; apoyé el arma en la horquilla mono pié y enfoqué el terreno tratando de adivinar por donde sería más factible que me saliese la pieza, un ligero espacio entre la maleza y unos surcos me hicieron pensar que sería el lugar más propicio. Dada la rapidez con que pasaría el animal, la pronta localización era vital. Pensé en ese momento, que en todo el cosmos conocido, y de todos es bien sabido que, entre el nacer y el morir, la lucha por la supervivencia mueve a todas las especies. Nadie sabe lo que hay al final del camino, quien quedará y si el fin reportará al vencedor o vencedores quizás la inmortalidad, donde ya no se necesite matar para subsistir y donde el pensamiento ya no sea sino la herramienta que nos ha servido para prevalecer y sea el sentir simplemente, el éxtasis de la plenitud de la existencia, pues no existe ningún código superior de la naturaleza que diga que un ser es superior a otro ser y tampoco por el mero hecho de pensar. Sí, se acercan los perros…, creo que se están aproximando, los nervios me asaltan en un sin pensar, las articulaciones ateridas, se tensan, el dedo se acerca al guardamontes y roza suavemente el gatillo para comprobar que está ahí, se acercan, se acercan, y a doce metros más arriba de lo previsto la silueta de dos lustrosos jabalíes pasan como una exhalación, a pulso y con precipitación disparo mi primera bala, como siguen corriendo disparo la segunda tratando ya de adivinar la trayectoria antes de que desaparezcan en la espesura, ¿Habré tenido suerte?, ¿Habrán tenido suerte?, Al acercarme con precaución oí un jadeo agonizante y una mirada vidriosa me observaba. Seguía tratando de luchar, pero ya había perdido hacía un millón de años. Luis R. Quintana
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