*** EL NAVAJERO ***
LA GESTACIÓN DE UNA LEYENDA


"Feo, hosco, gruñón y pendenciero, el desdichado jabalí carece de amistades, incluso entre los más ardientes defensores del animal silvestre."".
La caza en España. Jaime de Foxá y F. Huerta Ramírez
La primera vez que le vi fue estando de puesto en el sitio que llaman “de la envidia” por ser muy querencioso para el paso de jabalís y por tanto deseable por los cazadores. Hacía un buen rato que había oído por la emisora a “Dani” Moya que tenía un perro herido y que el jabalí que le había hecho la herida era muy grande.

Como tantas veces pasa, escuchas sin acabar de creerte la exactitud del lance y pensando que el jabalí no era tan grande y que la herida sería un susto más que nada.

Estaba a mitad de la cuesta donde había dejado la mochila en una mata y me apoyaba en la vara que suelo llevar para ayudarme cuando hay barro o hay que pasar algún arroyo. Me coloqué allí pues sabía que era sitio de paso donde un día Fonsi y yo cogimos unos cuantos perros que seguían al cochino que se había escapado por dicho lugar. Bien es verdad que también en la vaguada, situada ochenta o cien metros más abajo, se pasan los jabalís pero como se divisaba y no tenía muchas ganas de andar, me imaginé que lo podría tirar sin moverme. La verdad es que después de pasar frío toda la mañana con resultado negativo, ni mío ni del resto de la cuadrilla, no tenía demasiadas ganas de seguir cazando siendo, tal vez, esa la razón de que no pusiera demasiado interés en lo que estaba haciendo.

El caso es que habíamos estado de plantón en otro sitio hasta las cuatro o cuatro y media mientras los monteros batían la panda de Villanueva con nulo resultado, cosa bastante lógica si nos paramos a pensar que era la única parte helada del coto y los jabalís no son tan tontos como para ir a encamarse a lo frío. Como consuelo, y me temo que no para los monteros, el que algunos perros se calentaran persiguiendo corzos. Como decía, después del fracaso mañanero el jefe de cuadrilla decidió que batiéramos la parte llamada de “Las Huertas” que sabemos todos, siempre tiene éxito si los monteros son capaces de echar a los jabalís de tan cerrado lugar.

Siguiendo con el relato y después de oír las noticias del perro herido, me encontraba en el puesto sujetando el rifle, que parecía lastrado por las horas de tenerlo encima, e intentando pasar el rato de la mejor manera posible, pues era poco creíble que los monteros soltaran a los perros a esas horas para que se quedaran en el monte. Así que me encontraba sujetando la vara con la mano izquierda y sobre ella el rifle de manera un tanto precaria mientras mi mente estaba en vaya usted a saber y sintiendo los riñones al jerez.

De forma sorpresiva, como aparecen siempre los jabalís, vi que un bicho enorme estaba pasando por la vaguada que, cosa que siempre ocurre, tenía menos cubierta.

-Mierda! Giro sin soltar la vara que intento aprovechar para hacer mejor puntería. Otra vez ..Mierda! La vara queda baja así que me agacho. Donde está el punto? El tiempo pasa rápido! Tira que se te va! Ay madre que no me da tiempo! Tira, coño, tira! ...Pues hala!

Pummmm!

Miro y me doy cuenta que el jabalí sigue y se mete entre las espinas. Solo veo moverse el monte y adivino el bulto más que verlo. Es enorme!!

Subo el tiro para situarlo por delante del bicho. Uno, dos, tres tiros... y luego como siempre que fallas. Un silencio sepulcral y expectación como si uno esperara el milagro de verlo patas arriba a pesar de que te has dado perfecta cuenta de que no ha recibido ningún impacto pues no ha hecho ni el mínimo gesto de estar tocado. Que pena no haya ningún fotógrafo a mano para que plasme la cara de gilipollas que se me ha quedado!

El resto, lo usual. Bajar hasta el sitio por donde pasó el jabalí mirando y esperando encontrar algún rastro de sangre y para poder cortar a los perros que le sigan.

Comentar un bonito gesto del compañero que estaba más abajo y que viendo al jabalí a unos ciento cincuenta metros por toda la ladera no le tiró pues me entraba a mi. Gracias compañero y perdona mi fallo que aunque luego vi que el rifle estaba desajustado; fue culpa mía no tenerlo a punto (otro lance para agradecer a la F.C.T.O. por no dejar hacer tiradas de rifle en Cantabria).

Se acabó la cacería y me fui rápidamente ya que no estaba de humor para aguantar rechiflas de los compañeros. Eso si soñé y viví el lance infinitas veces durante la semana.

La semana siguiente Enrique “El Aldeano” trajo fotos de la intervención que se hizo al perro y que había sido importante y se comentó por parte de Dani que los perros estaban un poco acobardados después de la paliza. Yo me sentía culpable de no haber hecho pagar al macareno el daño permitiendo morder a los perros pero era un sentimiento interno que no tenía demasiado propósito el exteriorizarlo.

Dos semanas más tarde volvimos al mismo sitio aunque batiendo otra parte. Me tocó en un puesto cerca de la “Tierra de los Mozos” aunque un poco más arriba hacia “Las Columnas”. Soplaba un viento frío que cortaba como cuchillo y que a rachas hacía sujetarte el sombrero impidiendo oír nada. Busqué el mejor sitio teniendo como referencia los pasos encontrados aunque, he de confesarlo, tomé partido por los del socaire.

Un corzo se fue por el lado que estaba cubriendo lo que me dio esperanzas de que había escogido bien. Se fue pasando la mañana sin demasiado movimiento o con ladridos de levante lejanos. Estaba animado pues Ignacio el de Barrio había cantado nada más ponernos en el puesto que ya había caído uno. Miraba y me acercaba con frecuencia a la otra vertiente donde soplaba más el viento aunque con poca esperanza ya que allí había un espacio abierto cubierto de espinas poco altas. Que por qué explico esto? Pues porque fue precisamente por allí por donde pasó un jabalinete apenas atisbado y al que no tuve ni posibilidad de apuntar. Venía solo sin ser perseguido. Desilusión, pero no me recriminé nada puesto que no podía hacer más. Me había ganado limpiamente!

Siguió pasando la mañana y a última hora oigo a unos perros, creo que dos, de levante que se acercan y van por la vaguada que está a mis pies a unos doscientos o trescientos metros. Me doy cuenta de que van muy despacio y se paran cada poco. Pasa muy poco tiempo y oigo a un perro quejarse. Me acerco rápidamente con cuidado y con el rifle preparado hacia el sitio donde oí los quejidos. Oigo a un perro alejarse y pienso que sigue con el jabalí. Diviso a un puesto en la ladera de enfrente y al poco tiempo por radio avisa de que hay un perro herido con una cuchillada importante en el muslo. Pedro el de Cadman se acercó y lo lleva en brazos hasta la carretera.

Se termina la cacería y dan orden de retirarse ya que no hay perros en el monte.

Ya en el restaurante y con los compañeros se comentaban las incidencias que poco a poco se van centrando en el jabalí grande.

- El caso es que se está envalentonando y ahora sabe que puede a los perros y será más difícil sacarlo.

- Pues ya lleva tres y con heridas importantes. Debe de tener buenas defensas. Comenta otro cazador.

Parece que estos jabalís crean una especie de leyenda ya que cuentan a su favor la suerte de los número uno. Así sucedió que Dani bajó a ayudar a un perro y dejó el rifle para tener las manos libres. En ese momento se le apareció el jabalí a dos pasos y solo pudo levantar los brazos para asustarlo y que volviera a la cacería.

Tengo una gran curiosidad en saber las andanzas, querencias y actitudes del verraco y sé que poco puedo hacer para encontrarme con él ya que cazo dentro de un colectivo y debo de atenerme a lo que me toque sin egoísmos, pero en mi interior va creciendo el deseo de cobrarlo y así autoperdonarme el hecho de haberle fallado cuando me entró.

Sueño con el encuentro y me pregunto como será. ¿Aparecerá sin percatarse de la presencia del cazador para caer abatido sin darse cuenta? ¿Vendrá por el contrario altivo y valiente a enfrentarse a su destino? ¿Seré capaz, si me entra a mi, de abatirlo cara a cara con gallardía como merece animal tan soberbio? ¿Plantará cara al cazador defendiendo su vida?

Pero el destino es caprichoso y muy difícil de predecir. Acaso ¿no es posible que nos burle a todos para seguir creando estirpe gloriosa capaz de enfrentarse a lobos, perros y cazadores?

Fdo. Daniel Quintana