*** ¿EL FIN DEL NAVAJERO? ***
CERRANDO EL CIRCULO


No había indicios de que esta jornada de caza sería algo especial para mi.

Sonaba el despertador de forma lejana pareciéndome que la cosa no iba conmigo pero cual perro de agarre no soltó su presa hasta que consiguió su objetivo. El aseo, la preparación y el repaso de que todos los elementos que van con uno a la cacería. Un ligero café con leche y en la quietud de la noche bajo todas las cosas al coche. El tiempo parece que apunta ligera lluvia pero no merece la pena preocuparse pues pasado el Escudo todo es distinto. Me dirijo hacia el punto donde he quedado con mi compañero de fatigas, Jaime, que me recogerá en su magnífico todo-terreno. Pocas palabras después del saludo reglamentario.
    -A ver qué tal se da hoy.
    -Eso, a ver que tal.
Circulamos por la carretera convertida en una cinta blanca que nos hipnotiza y que se disuelve fundiéndose con el paisaje a medida que va amaneciendo. Es la hora de los duendes y de los encantamientos. La campiña va transformándose de una fotografía en blanco y negro a una hermosa en color donde los rosados, verdes, rojos y marrones cantan la hermosura del otoño. Ya hemos coronado el Escudo y nuestro interés se tensa mirando la meteorología que tienen en Burgos. Hay una niebla baja y densa que cubre todo el pantano del Ebro. Hoy, la niebla está a nuestros pies y no en la cumbre lo que presenta un paisaje distinto y de gran belleza.
Llegamos al bar donde se efectúa la primera reunión de los cazadores de nuestra cuadrilla y aprovechamos para desayunar. No parece que seamos muchos.
    -A ver que nos toca cazar hoy.
Los saludos de rigor, las primeras impresiones y preguntas.

Por fin arrancamos todos hacia el coto para empezar la cacería. La cita es en el cruce de Ailanes.

La expectación va creciendo mientras circulamos hasta Ailanes al saber qué parte vamos a cazar, la imaginación se ha puesto a funcionar y todos llamamos a nuestra memoria sobre como es el terreno que cazamos y hacemos cábalas sobre su geografía, los puestos, las querencias. Es un momento donde los sentimientos andan un poco confusos pues si bien nos gustaría ir a aquel puesto donde nos salió..., o donde se mató aquel tan grande, o donde..., por otro lado sabemos que la suerte es caprichosa y a veces en un puesto que pensábamos malo se logra una gran fortuna, además.... tampoco queremos ser acaparadores!

El jefe de cuadrilla, nuestro amigo Rojo, ayudado por Ignacio ”el de Barrio” y Jaime con sus mapas, asignan los puestos a los tiradores según cualidades físicas, tipo de arma o conocimiento del terreno. Determinados los puestos nos repartimos y vamos acercando los coches lo más posible a los sitios donde están los puestos. Aparcados en un lugar discreto y que no estorbe, terminamos de preparar los bártulos sopesando con cuidado la utilidad de cada uno de ellos según la meteorología que preveamos para la jornada o la distancia y dificultad para cargar con él hasta llegar al puesto. En silencio, como debe de ser, partimos en fila india hacia los apostaderos.

Voy el último por mi falta de fuelle al estar todavía en recuperación. Jaime me ofrece si quiero quedarme en las columnas o en el siguiente puesto al ”de la envidia” que tan triste recuerdo me trae pues fue allí donde, el año pasado al terminar la temporada, fallé al enorme jabalí que había herido a los perros y que relato en otra crónica. Decido quedarme aquí y que Jaime vaya al de “la envidia” a ver si tiene más suerte que yo.

Mi puesto está muy cercano al camino por donde hemos venido así que lo alcanzo con facilidad. Llegado al sitio donde me había de situar, y después de cargar el rifle y dejarlo preparado, por eso de que “nunca se sabe”, eché un vistazo al apostadero para encontrar la mejor zona desde donde tirar teniendo en cuenta las posibilidades de entrada de los animales dependiendo de la parte que se bate, la dirección del viento y la vegetación ya que el jabalí raramente viene en descubierto.

Me decidí por situarme un poco alto en la ladera al lado de una columna de alta tensión que al formarse un pequeño terraplén permitía una buena visibilidad hacia abajo a pesar de las espesas escobas. A mi espalda una pequeña pradera enmarcada a ambos lados en bosque de robles y encinas de no mucho porte. Realmente el puesto era tan natural que solo le faltaba una flecha para indicar donde sentarte.

Mientras mis compañeros terminaban de cerrar la parte que nos habían encomendado, preparé el puesto para tener todo a mano y coloqué el asiento de tres patas, oh milagro, en un sitio plano. El día se presentaba muy agradable: comodidad y buen tiempo. Jo! No te digo si encima se da bien!

Oigo por la emisora que los puestos ya están todos colocados así que los perros (que hace media hora están ladrando a todo ladrar pero sin entrar) pueden empezar. Más tarde me enteré que se había ido un jabalí grande antes de colocarse el puesto lo que achaco al escándalo de los perros antes de cubrir los puestos.

El monte está muy movido pues oigo a los perros que han levantado. Todo el mundo ha visto jabalís pero todavía no se ha cobrado ninguno. Oigo al de los “portillos” decir por la emisora que se le han pasado tres por arriba y que no le ha dado tiempo a tirar. Me lo estoy pasando estupendamente.

A mi espalda oigo un trote que me sobresalta por lo que me vuelvo nervioso para encontrarme con una corza que trota por la pradería a mi derecha acercándose al puesto y que se lleva el mismo susto que yo al verme. Dos saltos y desaparece monte abajo. Debí de sospechar que por ahí podrían entrar más bichos pero “en teoría” JR estaba allí y si entraba algo él lo tiraría. Craso error pues a los diez minutos entra un jabalinete de unos 50 kilos con el turbo puesto. Como no le oí venir no me dio ni tiempo para apuntar. Como corría! Intento adivinar su trayectoria y a unos cien metros le hago un disparo que le pone más octanos a su motor.
    -Jaime, allí te va!!
No me había oído por la emisora, pero alertado por el disparo pudo ver al despavorido jabalí de refilón, según me contó mas tarde, y al que disparo dos tiros sin suerte.

Yo ya estaba contento pues había visto una corza y hasta había intentado abatir un jabalí supersónico. Realmente me había ganado. Bueno, nos había ganado y solo quedaba asumirlo y alegrarse por él. A mi me gusta la caza así.

Ya está avanzada la mañana y perros y monteros van aflojando pues, el día, sin ser especialmente caluroso si es un poco pesado para perros y monteros. Las llamadas por la emisora son para cortar los perros más que nada. Al poco oigo a “Sebas” que acaba de levantar uno muy grande el cachorro y que va para arriba. Todavía pones más atención en el puesto, si cabe, esperando que aparezca. Y apareció!! Viene despacio pues se siente confiado con sus poderosas defensas pero ya sabe de batallas y busca pasar desapercibido entre las escobas a media ladera. Es grande! Mi corazón palpita tan fuerte que temo me oiga. Todo se me agolpa en la cabeza ¿está quitado el seguro? ¿algo se me olvida? Cuidado no falles!!. y a la vez parece que se queda vacía de ideas que no de presión pues parece que va a estallar.

El animal a unos 25 metros aparece y desaparece entre las escobas al mismo tiempo que mi corazón se para o golpea mi pecho. Le sigo con la mira y cuando le veo un poco claro disparo. Cae fulminado. En el suelo solo le veo un poco el lomo y se mueve. Lo siento pero tu no te vas, pienso, y le meto otro tiro y hasta un tercero hasta lograr su quietud total. Todo se queda en calma y mis pulmones toman aire en un suspiro profundo reclamando oxigeno para recuperarse.

Vigilo el lomo del jabalí durante un pequeño rato y veo que sigue inmóvil así que me decido a echarle un vistazo. Bajo a verle. Es un bonito ejemplar macho de unos 85 o 90 kilos con unos buenos colmillos que me llenan de alegría. Realmente tiene una magnífica cabeza. ¿Será el macareno que falle la temporada pasada? Mismo sitio, misma querencia, misma ruta de huida, magnificas defensas. Mis compañeros opinan que si. De ser cierto, y a mi me gustaría creerlo, he tenido una suerte doblemente afortunada de abatir un buen ejemplar y la de sacarme la espina de la temporada pasada.


Un pensamiento fugaz pasa por mi mente antes de llegar los monteros. Estoy emocionado más por el trofeo que por el lance. Qué relativo es todo!

Macareno que vives libre en el monte, poderoso y orgulloso, que no te rindes ante el acoso de perros o alimañas, no has sucumbido villanamente si no que lo has hecho de manera simple y honesta. Lo has hecho con honor

Fdo. Daniel Quintana