PASIÓN JABALINERA
Aún no ha amanecido, cuando suena el despertador anunciando el comienzo de otra nueva jornada. Pero en la mañana de hoy, el aire tiene un sabor más dulce, denota un aroma especial y diferente al del transcurrir de la monotonía cotidiana. Mi cuerpo está más despierto que de costumbre, los atuendos son distintos y en mi interior siento una mezcla de excitación y ansiedad. Es el preludio de una jornada distinta: es día de cacería. Y debo confesar, que después de treinta años al lado de esta afición, mis sensaciones son muy similares a las del primer día (aun recuerdo al niño de once años que junto a su padre vio correr los jabalíes por primera vez). Y todavía hoy, al vivir cada lance, me sigue brillando la mirada con la misma intensidad que lo hacía años atrás en los ojos de aquel mozalbete. ¡Así es la caza: hechizo y pasión!



Y ahora desde un rincón de Cantabria, desde uno de los muchos y bellos parajes que atesora la Reserva del Saja, lanzo mis sentidos versos en homenaje a todos esos momentos que los cazadores vivimos y saboreamos en nuestra intimidad montera:

Hoy escapa mi memoria
entre aquellas arboledas
que ocultaban la razón
de las más fieles esperas;
junto a ladras enceladas
en las sueltas mañaneras,
con el alma rebosante
de pasión jabalinera.

Y bien sabe Dios, señores,
que las vivencias monteras
forjaron en mi sentir
una huella duradera;
rifle en mano soy feliz
con mi afición tempranera
y los sueños cobran vida
cuando surco estas laderas.

Y mis ojos escudriñan
desde el alto apostadero:
las espesas medianías,
los solanos cabeceros,
los collados querenciosos,
los marcados bañaderos,
los encames al socaire
y los raudos cortaderos.

Al despertar la alborada
laten los perros punteros
que embriagados de tesón
siguen los rastros luneros,
dando un matiz especial
al agreste cazadero,
al tiempo que la ambición
anhela un gran navajero.

Ya van entrando a lo espeso
los inseparables clanes,
perros y audaces monteros
con ingenio y ademanes,
enhebran huellas y vientos
hasta encontrar los encames,
donde saltan los cochinos
al ventear de los canes.
Huye raudo el jabalí
triscando el débil ramaje,
rompiendo monte con brío,
propio de un bravo linaje;
y el instinto le conduce
camuflado entre el paisaje,
recelando de un disparo
que acabe con su coraje.

Y en ese crucial instante
en que se quiebra el sigilo,
al descubrir la presencia
del macareno curtido,
se nos enerva el aliento
y la emoción queda en vilo
mientras un dedo acaricia
con esperanza el gatillo.

El rifle, dueño de lances,
queda soldado en el pecho,
rompe el silencio montés
con un relámpago seco;
grave clamor montaraz
que inunda el cielo de ecos,
que hace que doblen las reses
y tiemblen hondos vallejos.

Llegó el momento sublime
cargado de adrenalina:
cuando el hombro se resiente,
con la cruz en la retina,
al frenar a los verracos,
al partir arca o espina,
cuando yace allí la res,
cuando el lance se culmina.

Cuántos intensos recuerdos
que siempre viven presentes,
son inquietas las nostalgias
hoy selladas en mi mente;
lances monteros vividos
al lado de llanas gentes,
entre los jaros bravíos
y los grifones mordientes.
Injusto será olvidar
a los perreros expertos,
que levantan a las piezas
con dirección a los puestos;
rastreadores insaciables
que regalan sus esfuerzos,
y te estrechan una mano
cuando cebas sus sabuesos.

Son la esencia de esta caza
nuestros más bellos lugares:
Polaciones y Tudanca
con sus frondosos hayales,
por Rionansa y Lamasón
entre brañas y pernales,
y la Liébana de ensueño
paraíso de encinales.

Y mi retina se empapa
recordando algún rincón:
La Cestera y El Jollacu,
manantial de una pasión,
Sejos y Peñasagra
santuarios de ilusión,
y los vallejos purriegos
conquistaron mi emoción.

¡Ay, qué parajes tan nuestros!,
¡cuantos ratos de afición!:
tras los rastros por Genal,
de levante en Llandigón,
al acecho por Pandillu,
disparando allá en Virón,
sin resuello en Cuadrabú
y apillando por Muñón.

Ya van corriendo los años,
se va pasando una vida,
y con calma aun añoro
emociones contenidas;
por montes de Cantabria
en mi Reserva querida,
con el recuerdo entrañable
de inolvidables batidas.
Rubén Gutiérrez Cosío (20-05-2004)